viernes, 25 de junio de 2010







































                            UR - AR


                                          Para mi amiga y colega Daisy Sánchez Bravo


CUENTAN QUE HACE MUCHO TIEMPO, en los albores de la humanidad, existió una región habitada por hombres y mujeres que vivían aguardando la llegada de la luna; ya que para esos hombres y mujeres la presencia de la luna significaba la oportunidad de bailar, celebrar, y olvidarse por unos días de los pesares y tristezas que las labores cotidianas les hacían padecer.

Y SIEMPRE que en el extenso cielo de esa remota región  - que se hallaba además rodeada de grandes montañas y fértiles valles - se veía aparecer ese hermoso ojo de la noche que es la luna, la alegría y felicidad que aquellos hombres y mujeres sentían era también compartida por los osos, venados, conejos y demás criaturas que habitaban aquella enigmática y escondida región.

MAS OCURRIÓ que un día, y debido a razones que jamás llegaron a pronunicarse, a muchos de esos hombres y mujeres ya no les interesó más aguardar la llegada de la luna. Y conforme eso fue sucediendo, la alegría que los demás seres vivos compartían con ellos también se fue extinguiendo. Mas aquellos hombres y mujeres que no se cansaron nunca de esperar que la luna apareciera, aprendieron a reconocerse porque utilizaban un lenguaje especial, y porque sus risas y el brillo de sus ojos eran tan puros, como la luz de la luna que secreta e intensamente esperaban.

EN OCASIONES me sucede que creo haber sido uno de esos hombres que no se cansó nunca de aguardar la llegada de la luna. Y creo recordar también que siempre que aquellos hombres y mujeres nos encontrábamos, compartíamos una alegría especial, conversábamos muchos sobre nuestras vidas, y no nos cansábamos de prometernos protección y fidelidad eternas (debido al secreto que ahora sólo nosotros compartíamos). Y que me invadía una indescriptible emoción al reconocer entre esos hombres y mujeres a una hermosa jovencita a quien llamaban UR, con quien aprendí - entre otras cosas - a caminar cogido de la mano y a no pronunciar palabra alguna cuando se está frente al ocaso de un encendido y luminoso atardecer.


PANDO, Facultad de Educación de la PUCP. Junio del 2000.

sábado, 19 de junio de 2010
















































































Ser poeta es permisible hasta los 25 años.
Después eres loco, hombre peligroso, mátenlo.
Hemos asumido la adolescencia con adultez y la
niñez la hemos olvidado. En este país la muerte
es nuestra mejor amiga y hasta quiere rimar la
esperanza. Llevo tiempo en el oficio y como diría
mi compadre Manuel Morales, ser poeta en el Perú
no se lo recomiendo ni a Superman. Dos palabras
me resumen todo, absolutamente todo; tengo miedo
y hay que luchar. Lo demás es Palomino.




BALADA PARA UN CABALLO

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan
por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje
que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando
muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra
el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata
de cercame, me lanzan piedras y me lanzan sogas
por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase
de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres
arman expediciones para darme caza armados con perros policías
y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan
y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada
por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.
Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión
sobre las traseras y paralelamente y a un mismo ritmo
antes de asentarse en el polvo retumban en la tierra.
Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad
me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso
el que se ondea y es una música y es un torbellino
de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás
van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre
en estos bosques dormidos que despierto con el sonido
de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines
calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.
Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba
tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola
espanto a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan
desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.
Los días se suceden y suelo dar suaves golpes hacia la vida.
En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.
Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros
que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia
desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo
suelo galopar poco cuidándome de algún desgarramiento.
Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos
de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti
y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua
que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños
que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres
realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo
y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,
aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.
En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría
y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme
con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho
parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade
suelo dar golpes hacia la vida. Allí
donde mi presencia es esperada me hago realidad.
Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad
me hago realidad en esos ojos que están cansados
de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida
se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde
y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones
de mar de cielo de tierra.
Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra
se difunde con la noche se prolonga se manifiesta.
Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía
aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?
¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.
El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.
Por esta época del año suelen cruzar manadas
de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.
Recuerdo que logré darles el alcance y me contaron
que lograron salvarse de una cacería emprendida
contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero
y que luego de ser sometidos al cubo de agua
y a la alfalfa son obligados en los hipódromos
a correr distancias de 1.000, 2.500, 5,000 mts.
y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan
descargas eléctricas, te manosean, te latigan
con una fusta despellejándote. Y así durante
un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas
de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser
sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua
a la vista y paciencia de todos, sin intimidad
en una mañana de tinieblas y poca luz y luego
te separarán de tu yegua y potranco y pasarás
tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando
manques te dispararán un balazo en la sien. Ya había galopado un buen trecho con una manada
que huía despavorida y me dijeron que probablemente
para el invierno pasarían por aquí para ir más
al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía
lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y
por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces
me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo
me revelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades
de realizarme en un medio donde la sociedad se mata
y permanecen odios, prefiero ser caballo. Mojaré
la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas
inmensas de vivir, para mantenernos unidos y vencer,
para no estar solo, para volvernos verdes - azules - amarillos
anaranjados - rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco
y el campo sin límites.
Seré libre y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí
y de mi yegua
                  y de mi potranco.



Guardacaballo: ave que habita con los caballos en el Perú.

viernes, 18 de junio de 2010




























































SI TE QUEDAS EN MI PAÍS


En mi país la poesía ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesía frecuenta los burdeles
               escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
                                 y ha conocido el sabor dulzón del amor
en los parquecitos de crepé
                        bajo la luna
               de los mostradores.
Pero en mi país hay quienes hablan con su botella de vino
               sobre la pared azulada.
Y la poesía rueda contigo de la mano
                  por estos mismos lugares que no son lugares
para filmar una canción destrozada.
Y por la poesía en mi país
                       si no hablaste como esto
                                                      te obligan a salir
en mi país
              no hay donde ir
                                    pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y ésto te urge más que una palabra perfecta.
En mi país la poesía te habla
                                  como un labio inquietante al oído
te aleja de tu cuna culeca
                 te filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
                                  -la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablará por tu lengua.
Y otra mano guiará a tu mano
si te quedas en mi país.





ARTAUD EN UN VERANO CALIENTE / ENERO
                   CIUDAD UNIVERSITARIA




              8.30 en la C.U.
Ahora sólo tengo tiempo para gritar
              en los mercados
Para cinco horas de sueño.
                              Para desambular en una lata de sardina,
                con mi eterna flacura,
                            como un escarabajo ahuyentado por la risa
y la alegría de este verano es un sol reluciente
            recién acuñado por el Banco Central de Reserva.
                           8.30 en la C.U.
8.30 / 8.30 / 8.30 / 8.30 / 8.30
                  Voy a estallar.


Enrique Verástegui. En los extramuros del Mundo. Carlos Milla Batres editor. Lima - Perú. 1971.

viernes, 16 de abril de 2010











                              TRES ESTAMPAS LIMEÑAS (1)


UNO

Camino hacia la plaza San Martín: jóvenes ansiosos aguardan a la entrada de una discoteca, marginales travestís utilizan las esquinas como mostradores, inmundos ladronzuelos amenazan la tranquilidad de los transeúntes. Veo mi reloj, son las 10:35 p.m. La noche recién empieza, me digo. Nada más estimulante en estos tiempos.

DOS

Dos mujeres discuten acaloradamente, forcejean, una de ellas cae al piso. "Ojalá te mueras", exclama la mujer más joven, al tiempo que la otra es auxiliada por un adolescente. "Hay que disculparla, no está en ella", exclama la mujer mayor ya reincorporada. "Eso te pasa por no entregarme mis cigarrillos", es lo último que alcanzo una escuchar.

TRES


Imposible determinar qué fue lo que me atrajo de ella. Sus verdes y achinados ojos eran como los de un gato. Su rostro asemejaba una pera y brillaba como la piel de un pez. Sus hombros eran del color de la miel y sus senos parecían de migas de pan. Su ajustado trasero era una señal perfecta y los dedos de sus pies se mostraban torpes y escandalosos. No tenía más de dieciséis años y ya era puta. Tal vez por eso fue que llamó mi atención.

( 1 ) Estas estampas fueron redactadas entre los meses de julio y diciembre de 1995.

miércoles, 14 de abril de 2010















 







NACIDO PARA CREAR: UNA REFLEXIÓN EN TORNO A FRANK GEHRY (1)

Para Valentina Brero, afectuosamente


Frank Gehry es un amante de la libertad, un creador que siempre tuvo una mirada distinta a la de sus contemporáneos, un ser humano diferente. Disciplinado e intuitivo, rasgos que están presentes en él desde muy joven, su método de trabajo es similar al de un científico: luego de haber concebido “algo” (idea), coge un papel y realiza un boceto. De allí, lo demás implica agregar, quitar, recortar, invertir, retirar, consultar y escuchar las sugerencias de sus colaboradores más cercanos. En ese sentido, la experimentación es la constante que orienta la elaboración/construcción de la maqueta y, por lo tanto, de la obra.


Para Gehry, descubrir la composición de aquello que ha concebido es el objetivo a alcanzar. Es en ese momento que la experiencia creativa irrumpe, cuando el boceto se convierte en registro (documento) y la actividad y reflexión se hacen presentes hasta que su labor concluye. Como en una intervención artística, el objetivo (obra) se transforma en un espectáculo que empieza en un estudio y termina - pero solo en apariencia ya que la reflexión en torno al nuevo museo, edificio, coliseo, casa o escultura es adoptada por críticos, colegas, detractores, artistas, amigos y público en general - en un espacio público concreto.

Enfrentado al sistema (sociedad) en sus inicios, batalla en la que todo visionario ha participado a lo largo de la historia de la humanidad, son el amor, el psicoanálisis y el trabajo en equipo, los puentes que le permiten reconciliarse consigo mismo (primero) y con el mundo (después). “No creo que pudiera hacerlo solo” ha manifestado en muchas oportunidades el maestro. Como sucede con el trabajo de los más destacados creadores, cuando Gehry contempla la obra terminada suele sentir cierta disconformidad, pues en ese momento reflexiona en todo lo que pudo hacer y no hizo. Es el fenómeno de la insatisfacción frente a la obra acaba. O la irrupción del genio que permanentemente lucha por transformar el mundo y alcanzar la inmortalidad.

(1) Recomiendo ver el documental de Sidney Pollack, Scketches of Frank Gehry (2005).



sábado, 27 de marzo de 2010






































ROL DEL DIRECTOR Y DEL DIRECTIVO COMO GESTORES DEL CAMBIO INSTITUCIONAL (1)



A los profesores Elizabeth Flores Flores y Eduardo Lores La Rosa, con profunda admiración y respeto.


Por Oscar Guillermo León Venegas (2)


¿CÓMO ES EL CLIMA INSTITUCIONAL DE LA ORGANIZACIÓN QUE GESTIONO?

El punto de partida del presente ensayo tiene como figura central al filósofo y maestro ateniense Sócrates (470 – 399 a. de J.C.), sujeto fundamental dentro del quehacer filosófico occidental y modelo a seguir – pensamos - para todo aquel que se dedica a la labor docente. Y es que antes de él, con excepción del magistral fabulista Esopo, la reflexión filosófica giró en torno a descubrir el principio primero o elemento motor a partir del cual todo lo demás cobró vida. Physiologois se les llamó, y entre los más importantes se encuentran: Tales (640 – 547 a. de J.C.), quien afirmó que el agua era el elemento que dio origen a todo, Anaximandro (610 – 547 a. de J.C.), quien consideró lo infinito o “Apeiron” como el elemento rector y Anaxímides (550 – 480 A. de J.C.), quien afirmó que era el aire el elemento que dio origen a cuanto existía en el mundo.

Fue gracias a Sócrates que la búsqueda de la verdad desvió su atención de lo externo, es decir la naturaleza, y se dirigió al hombre en su relación – encuentro - con los demás. La duda respecto aquello que se tenía por cierto surgía cuando el filósofo debatía con otros. O sea, solo a partir del intercambio de ideas, del diálogo, era posible hallar la verdad. A ese ejercicio Sócrates lo llamó mayéutica, y sin él, el gran salto que dio la filosofía luego, gracias a las reflexiones de maestros como Platón y Aristóteles, no hubiera sido posible.  Fueron el diálogo y el clima afectivo en el que Sócrates envolvía a sus interlocutores, los elementos que permitían el surgimiento de la verdad.

¿Cómo hacer entonces, siguiendo la senda trazada por el maestro ateniense, para que la institución que dirijo desde mi condición de director o directivo cambie; es decir, mejore, sea más eficiente, asertiva, justa? Sobre todo esto último, justa, pues solo en un ambiente en el que impera la justicia la realización personal es posible. En ese sentido, el cambio institucional que las organizaciones requieren con urgencia implica la construcción de un nuevo clima laboral, donde el diálogo entre directivos y trabajadores sea la constante y no la excepción. Sin un clima institucional que invite a la reflexión, al intercambio de ideas, al trabajo en equipo y al compromiso permanente con el quehacer diario, ninguna reforma prodiga frutos. Y la construcción de ese clima institucional solo es posible mediante el diálogo.

¿QUÉ HACER PARA QUE LA INSTITUCIÓN QUE GESTIONO SE TRANSFORME EN UNA ORGANIZACIÓN ABIERTA AL DIÁLOGO?

En La Quinta Disciplina, Peter Senge afirma respecto al clima institucional de las empresas tradicionales que éste se caracteriza por la fragmentación, la componenda permanente, el secreto u ocultamiento de información y el miedo a la autoridad. Por el contrario, en las instituciones inteligentes las ideas que rigen la labor del personal que las conforman son las siguientes: La primacía del todo, lo que significa que los miembros de la organización laboran perfectamente interrelacionados, la índole comunitaria del yo, que no es otra cosa que considerar a mis compañeros de labores como semejantes con quienes aprendo y camino hacia una misma meta, y el poder generador del lenguaje, o sea que gracias al lenguaje podemos reinterpretar nuestras experiencias suscitando de esa manera nuevos espacios para la comprensión de la realidad.

En resumen, las organizaciones denominadas por Senge inteligentes, lo son debido al clima institucional que impera en ellas. En ese sentido, habría que preguntarnos si la institución que gestiono es una organización en la que sus miembros son capaces de florecer profesionalmente y hacer contribuciones para que la institución crezca, a partir de la confianza y respaldo que los directores y directivos depositan en ellos. Lamentablemente la realidad indica todo lo contrario, pues son la fragmentación, la componenda permanente, el secreto u ocultamiento de información y el miedo a la autoridad, los valores que imperan en la mayoría de las organizaciones de nuestro país. ¿Cómo modificar, entonces, esta realidad? ¿Cómo lograr que a través de su desempeño profesional directores y directivos promuevan el diálogo de manera permanente al interior de la institución que gestionan?

Al parecer bastaría con aplicar los principios que priman al interior de las organizaciones inteligentes, pero para que esto ocurra director y directivos necesitan transmitir confianza, de lo contrario el diálogo resulta imposible. Y una persona confiable es una persona a quien se conoce, alguien que demuestra consecuencia respecto a lo que dice y hace. Habría que preguntarnos si somos directivos confiables, si el personal a nuestro cargo dialoga permanentemente con nosotros, o si estamos en capacidad de afirmar que, parafraseando a Tom Morris, los valores que priman en nuestra institución son la satisfacción personal, la felicidad y el sentido y realización del trabajo. Y si no se nos percibe como personas confiables, motivo por el cual nunca o solo en contadas oportunidades el personal bajo mi dirección dialoga conmigo, qué debo hacer para modificar esta realidad.

¿CUALIDADES QUE LOS DIRECTORES Y DIRECTIVOS DEBEN DESARROLLAR PARA CONVERTIRSE EN PERSONAS CONFIABLES?

El respeto y admiración que despertaba Sócrates en todo aquel que debatía con él, hicieron que su fama trascendiera las fronteras atenienses y perdurara a través el tiempo. Caso curioso el del filósofo y maestro griego, ya que al igual que Cristo, no dejó un solo escrito en el que sistematizara sus reflexiones respecto a la verdad. Fueron sus discípulos, entre ellos Platón y Jenófanes, quienes registraron para la posteridad los fundamentos de la doctrina socrática. ¿Qué virtudes o cualidades poseía Sócrates que resultaban particularmente envolventes? Sin lugar a dudas fueron su superioridad intelectual, su disposición al diálogo y su solidez moral, las virtudes que le granjearon el respeto y admiración de los demás.

En ese sentido, Santiago Álvarez de Mon Pan de Soraluce, en El Mito del Líder, reconoce estas características como requisitos presentes en todo líder. Si bien sobre liderazgo se ha escrito mucho, y probablemente se continuará haciendo, cito a de Mon Pan de Soraluce debido a que es uno de los principales académicos interesados en temas de dirección, gestión de personas y liderazgo, y porque cree en los liderazgos y no en el liderazgo; es decir, propone la idea de que todos estamos llamados a ser líderes. ¿Cuáles son entonces las cualidades que un director y un directivo deben desarrollar si pretenden generar confianza en el personal a su cargo?

Generalmente, los cargos de dirección de un centro de enseñanza recaen en el personal que lleva más tiempo laborando en la institución, o en aquellos que por una u otra razón han sabido granjearse la simpatía y confianza del gerente o director principal, y no por el más capaz. En sí mismo, esto no tendría porque cuestionarse. El problema surge cuando la supuesta experiencia del directivo no ofrece ningún tipo de productividad o respuesta inteligente a problemas y dificultades concretas. Y peor aún, cuando el personal que está bajo su dirección comprende que su actuación deberá circunscribirse a realizar aquello que su jefe inmediato superior le ordene, sepultando de esta manera cualquier iniciativa o contribución dirigida a mejorar la labor del área a la que se pertenece. De allí que resulte indispensable que el director y los directivos destaquen por su superioridad intelectual, y no por su antigüedad, pues las dificultades se solucionan con el cacumen y porque solo se es leal a quien se admira.

Respecto a la disposición permanente que el director y los directivos deben mostrar en relación al diálogo, debemos recordar que solo es posible descubrir algo de los demás dialogando con ellos. Y para que el cambio institucional que proponemos sea posible, es decir, el clima institucional de la organización que gestiono se potencie, se torne asertivo, los miembros que laboran en la organización que dirijo deben conocerse. De que otro modo, no seré capaz de aprovechar los talentos o fortalezas del personal que labora conmigo.

Con la lucidez que se reconoce siempre en sus escritos, Peter Drucker afirma en La Gerencia en la Sociedad Futura, que la única manera de alcanzar liderazgo en un negocio basado en el conocimiento es dedicando el tiempo necesario a los trabajadores que prometen; conociéndolos y haciéndose conocer por ellos, retándolos y estimulándolos permanentemente.

¿Cuánto sabemos del personal que labora bajo nuestra dirección? ¿De qué manera participa en el cambio institucional que, se supone, estamos llamados a liderar? ¿Qué motiva la permanencia de los trabajadores que laboran bajo mi dirección en la organización que gestiono? Y puedo seguir formulando preguntas de este tipo. Entonces, ¿cumplo a cabalidad mi labor directiva o la rebajo al nivel burocrático más elemental? Al hablar de su estado anímico, el personal a mi cargo manifiesta agotamiento, hartazgo, ansiedad, depresión, descenso de la satisfacción hacia el trabajo y deseo de tirar todo por la borda, etc.; o por el contrario, manifiesta felicidad, tolerancia, buen humor, compañerismo, confianza, lealtad y seguridad respecto al logro de los objetivos que pretendo alcanzar. Está claro que la respuesta no admite ambivalencias.

En relación al tercer valor, la solidez moral, considero que se manifiesta como resultado de las decisiones que los seres humanos toman en el curso de sus vidas y que, como señala David Copp, permiten dar respuesta a preguntas como “¿Cómo quiero vivir?”. Debido a ello, la solidez moral no es algo que se adquiera al término de una conferencia o revisando las páginas de un manual. Es el reflejo de la sintonía entre lo que se piensa y se hace, entre lo que se promueve y se ejecuta. Tal vez por ello se trata del valor más difícil de reconocer o resaltar en un directivo. Ocurre en ocasiones, y los ejemplos al respecto abundan, que la superioridad intelectual puede andar reñida de la moral. En todo caso, nunca es tarde para apostar por la consecuencia, con mayor razón, si lo que pretendemos es construir un clima institucional que motive el encuentro y no la división, que promueva el diálogo y no el silencio, que rescate lo mejor de las personas y no el enfrentamiento o la indiferencia.

Horas antes de beber la copa de cicuta con la que Sócrates puso fin a sus días, los discípulos con los que hallábase reunido al interior de la celda en la que se encontraba detenido, y con quienes reflexionó acerca de la justicia, el dolor y el placer, le propusieron fugar hacia otra ciudad. Uno de ellos se había encargado de sobornar al vigilante que cuidaba la celda, y otro había trazado la ruta que le permitiría huir de Atenas. Todo había sido planeado con el fin de evitar la injusta muerte del querido maestro. Sócrates ni siquiera lo pensó. No conozco, con excepción de Cristo, un ejemplo de superioridad intelectual, apertura al diálogo y solidez moral, que la historia haya registrado y que podamos ubicar a la altura del filósofo ateniense. Tal vez por ello, Platón imaginó un estado ideal en el que los gobernantes fueran filósofos, y en el que, sin lugar a dudas, Sócrates hubiera ocupado el asiento de honor.

ACCIONES CONCRETAS A SEGUIR PARA FACILITAR EL DIÁLOGO ENTRE DIRECTIVOS Y EL PERSONAL A SU CARGO

Luego de determinar los rasgos personales que debe poseer un directivo, propongo siete medidas a través de las cuales se promueve el diálogo. Una primera medida a seguir es conocer a todos los trabajadores que laboran en la institución que gestiono (empresa, departamento, área o anexo). Y conocerlos implica saber sus nombres y apellidos, como también alguna información personal pertinente. Para que dos personas dialoguen, estas deben conocerse, saber quiénes son. De lo contrario, la información que se comparte no trasciende el ámbito de lo epidérmico o coyuntural.

Una segunda medida a seguir es solicitar la opinión del personal a mi cargo respecto a temas diversos: planificación, evaluación, cambios, significatividad de las actividades a ejecutarse, etc. Si bien es competencia del director y directivos determinar las líneas de acción a seguir, es importante que todos los involucrados manifiesten sus impresiones o pareceres. “Cuando esto no sucede se levanta una barrera invisible tras la cual terminan ocultándose el resentimiento, la rebeldía, la indiferencia y la mezquindad”.

Una tercera medida a seguir implica reconocer toda acción que revierta en beneficio de la organización. Si el aporte contribuye a mejorar un aspecto concreto del servicio que ofrece la institución educativa, corresponde al director reconocerlo. Y si es público mejor. Lamentablemente, lo que suele resaltarse es el error. Por eso, el comité directivo debe promover una cultura de éxito, en la que se reconozca el acierto y se motive a todo el personal a ser los mejores en lo que hacen.

Una cuarta medida a considerar implica evitar en lo posible la intermediación entre informante y destinatario. Respecto a este punto, José Manuel Mañu señala lo siguiente: “A veces hay colaboradores que resultan aisladores; impiden el contacto directo con la realidad y conducen al enclaustramiento del director”. Y cuando esto sucede los canales que permiten la comunicación se restringen o simplemente desaparecen.

Una quinta medida a seguir es la que en España se denomina “Patear la institución”, o sea, visitar los ambientes de la institución que gestiono. Un director o directivo que visita los diversos departamentos o áreas de su organización sabe a ciencia cierta si la institución que dirige funciona como debería hacerlo. Además, recoge los comentarios y sugerencias que puedan surgir en ese momento y que, muchas veces, contribuyen a corregir o mejorar un proceso que se cree está desarrollándose correctamente.

Una sexta medida demanda reconocer y promover toda acción particular que contribuya a acrecentar el saber/conocimiento individual y colectivo. Es decir, si en la institución que gestiono identifico un trabajador que, paralelamente a la labor que realiza, se da tiempo para profundizar en la investigación de un tema de su interés, iniciar una diplomatura, maestría o doctorado, sin lugar a dudas ese trabajador debe ser tomado como un ejemplo a seguir y su esfuerzo reconocido públicamente (y porque no, monetareamente también). De lo contrario, más temprano que tarde, el destino del personal a mi cargo no será otro que el de resignados burócratas.

Finalmente, toda fecha que merezca celebrarse, como aniversarios, onomásticos, feriados, etc., debe servir de pretexto para reunir al personal (en otros países se le denomina “Cofee time” o “Cofee break”) y reafirmar los lazos de respeto, confianza, agradecimiento y camaradería que el director y directivos requieren transmitir siempre al personal bajo su cargo, y de paso proponer o sugerir temas de reflexión que reviertan en beneficio de todos.

Soy consiente que el cambio que propongo es bastante ambicioso, hasta utópico tal vez, debido a que no tiene como fin reestructurar un área o departamento de la organización, abaratar costos, crear una gerencia o mejorar un aspecto concreto de la infraestructura, sino, construir un clima institucional que humanice las relaciones entre los directivos y el personal a su cargo. Hasta ahora todas las propuestas o reformas que han buscado optimizar el servicio de una organización han tenido como punto de partida aspectos externos o coyunturales. Por ello es que han fracasado u ofrecido, en el mejor de los casos, beneficios nimios. La tarea por humanizar las organizaciones exige reorientar la atención hacia uno mismo, hacia la persona. Solo reemplazando el silencio por la palabra, pero la palabra que celebra, que felicita, que reconcilia, que promueve, que acerca, el clima institucional que se requiere para transformar las organizaciones educativas del país se construirá.

(1) Una primera versión del presente ensayo fue leída en el 10 Congreso Nacional de Educación organizado por la Universidad de Ciencias Aplicadas, UPC, en agosto del 2007.

(2) Máster en Dirección de Centros Educativos por el Centro Universitario Villanueva de España, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid. Licenciado en Educación Secundaria en la Especialidad de Lengua y Literatura. Actualmente cursa el 8º ciclo de la carrera de Comunicación Audiovisual en la PUCP. Ha ejercido su labor profesional en instituciones educativas públicas y privadas, en los niveles básico y superior.

BIBLIOGRAFÍA

1. ALPORT, Gordon y POSTMAN, Leo. Psicología del Rumor. Editorial Psique, Buenos Aires – Argentina. 1998. ISBN 950 016 341 1.

2. ÁLVAREZ de MON PAN de SORALUCE, Santiago. El Mito del Líder. Prentice Hall, Madrid – España. 2001. ISBN 84205 3256 8.

3. BOGGINO, Norberto. Los valores y las normas sociales en la escuela. Una propuesta didáctica y tradicional. Homo Sapiens Ediciones, Rosario – Argentina. 2003. ISBN950 808 367 0.

4. COPP, D. Reason and needs; value welfare and morality. Cambrige University Press. UEA. 1993.

5. DRUCKER, Peter. La Gerencia en la Sociedad Futura. Editorial Norma, Bogotá – Colombia. 2002. ISBN 958 04 7046 4.

6. FISCHMAN, David. El Espejo del Líder. UPC, Diario El Comercio, Lima – Perú. 2000. ISBN 9972 676 29 3.

7. LLANO, Carlos y POLO, Leonardo. Antropología de la Acción Directiva. Aedos Unión Editorial, Madrid – España. 1997. ISBN 84 7209 317 4.

8. LÓPEZ NOGUERO, Fernando. Metodología participativa en la docencia universitaria. Editorial Narcea, Madrid – España. 2005.

9. MAÑU, José Manuel. Equipos Directivos para Centros Educativos de Calidad. Rialp, Madrid – España. 1999. ISBN84 321 3245 4.

10. MORRIS, Tom. Si Aristóteles dirigiera general motors. Editorial Planeta, Barcelona – España. 1997. ISBN 84 08 02236 9.

11. PLATÓN. Apología de Sócrates. Mestas Ediciones, Madrid – España. 2001. ISBN 84 95311 73 9.

12. PLUTARCO. El banquete de los siete sabios. Editorial Aguilar, Madrid – España. 1963.

13. ROSEN, Emanuel. Marketing de Boca a Boca. Vergara Bussiness, Buenos Aires – Argentina. 2000. ISBN 950 15 2202 4.

14. SENGE, Peter. La Quinta Disciplina en la Práctica. Granica Editores, Montevideo – Uruguay. 2005. ISBN950 641 421 1.


jueves, 25 de marzo de 2010





















EL TIEMPO DE LA ROSA


                 
                  Solitaria




frágil,
triste,
marchita.

Ensaya la rosa
su último aroma.

Mudan sus pétalos
a otro cuerpo.


L      e   j    o    s,        l      e      j       o        s.





IMAGINARIAS FORMAS DE EXISTENCIA

A Carlos Oquendo de Amat









Y en algún rincón del mar, las estrellas se juntan
a llorar,inconsolables, los recuerdos del cielo.




ÚLTIMA CANCIÓN

Los rinocerontes habitan en estrellas
Visten sus corazones de silencios prolongados

Esperan la llegada de la lluvia



Oscar León Venegas. Corredor Insular. Chorrillos. 1996.