viernes, 15 de octubre de 2010


























Don Mario Vargas Llosa y yo

UNO

Tenía trece años, lo recuerdo bien. En la biblioteca/estudio de la casa en la que ahora vivo, mi tío Bartolomé atesoraba varios de los libros que años más tarde heredé. Uno en particular, de tapa dura y tamaño diferente, llamó mi atención una fría mañana de invierno. Al revisarlo descubrí que en su interior habían fotografías en blanco y negro que parecían guardar relación con la historia que en él se contaba. Era la primera vez que tenía un libro como ese entre mis manos. Lo cerré y devolví a su lugar. Acto seguido, camuflé en uno de los cerros de periódicos y revistas que se levantaban como columnas en toda la habitación, los dos ejemplares de Playboy con los que me había entretenido – apresuradamente - minutos antes. El libro se llamaba Los cachorros y su autor Mario Vargas Llosa.

DOS

Coquito Fernández sugirió correr unas campanitas en La Herradura antes de retornar al barrio. El Huayco había pagado, pero la gente – como siempre – quería sacarle el IGV al domingo. Habremos llegado a eso de la 5:00 p.m. Aún habían bañistas descansando en la arena y algunos automóviles estacionados en el malecón. Mientras me ponía el wetsuit, todavía húmedo, una pareja que parecía haber salido de una película de los años cincuenta descendió de un lujoso automóvil. Ambos caminaron unos metros y se detuvieron a contemplar el atardecer. Parecía que compartían algunas impresiones. “Mira, aquel señor es el escritor Mario Vargas Llosa, y la mujer a su lado, su esposa Patricia”, le comenté a mi brother Ernesto Byrne quien también luchaba con su wetsuit húmedo.

TRES

Levanten la mano los que han leído Los cachorros, pregunté notoriamente emocionado. Nadie levantó la mano. Bueno, La ciudad y los perros. Nadie levantó la mano. ¿La casa verde? Nadie levantó la mano. ¿Conversación en la catedral? Nadie levantó la mano. ¿La guerra del fin del mundo? Nadie levantó la mano. ¿La tía Julia y el escribidor? Nadie levantó la mano. ¿El pez en el agua? Nadie levantó la mano. ¿Cartas a un joven novelista? Nadie levantó la mano. ¡No puedo creer que ninguno de ustedes haya leído a Mario Vargas Llosa!, increpé. Alguien por allí respondió: “En quinto de secundaria leí un cuento de Los jefes, profesor Oscar”.

Aquella mañana, la Academia Sueca había otorgado el premio Nobel de Literatura al escritor peruano Mario Vargas Llosa.


martes, 24 de agosto de 2010
































































































OBSERVO, LUEGO EXISTO


"Sobre estas calles donde el amor es una palabra que no se ve por ningún lado, descubrí un estado de ánimo tan bello como una flor amarilla en la noche: Anarquía".

Carlos Oliva



El centro no duerme. Recuerdo que en Madrid, en el año 2003, los habitantes de esa ciudad afirmaban exactamente lo mismo de su centro histórico: "El centro no duerme". Y como hace dieciocho años mis incursiones al Centro de Lima despiertan aún las mismas sensaciones: curiosidad, fascinación, angustia, y una arrechura permanente. Sí, el centro es un lugar que arrecha. Aunque últimamente lo pateo más de noche, lo prefiero indistintamente: de día y de noche. De día sus cauces me conducen a lugares como el Centro Cívico, El Queirolo, el Jirón de la Unión (es posible ver películas de estreno en imagen y audio aceptables a S/. 3.50 de lunes a miércoles ), el Parque Universitario y El Hueco. De noche, y dependiendo de la hora, atravieso Quilca o asciendo La Colmena hasta llegar a la Plaza San Martín.

Por supuesto que el ascenso por La Colmena resulta más aleccionador. Los mismos personajes de hace dieciocho años - podría asegurar que la anciana prostituta de mi poema "El tiempo de la rosa " todavía se deja ver maquillada, en tacos y lentejuelas (1) - se dan cita en esa avenida que es una radiografía animada de nuestra realidad actual. Es decir, del Perú de los Reyes, de los Chávez y los Quispe - de Arellano y Burgos (2) -; del pollo a la brasa con papas fritas, pizza con gaseosa y cerveza en jarra. Y afinando la vista se identifican hasta tres estilos arquitectónicos distintos en la misma cuadra, y estirando los pasos confirmamos que la cara más real de nuestra prosperidad económica se luce en las pollerías (Norky´s y Rocky´s la rompen), chifas, night clubs de "A sol la barra", bares de luces de neón, camionetas de serenazgo y policías motorizados.

Cierto es que el centro hoy es más seguro. Pero solo el centro pues un poquito más allá la delincuencia e inseguridad gobiernan. En esta Ciudad del Infierno - Rosas Ribeyro dixit (3) - todavía descubrimos atareados travestis ofreciendo sus cuerpos en esquinas compartidas, trajinadas putas negociando sus servicios en oscuras callejuelas, caprichosos rosquetes aguardando el arribo de mostaceros antiguos, y extranjeros sospechosos a la caza de cocaína, marihuana y zorritas fáciles. El centro es La ciudad Gótica del poema de Leo Zelada, su eclipse (4), pero también un monumento vivo que devora diariamente a sus habitantes sin que estos se den cuenta de lo que está pasando. Provecho, brother.




(1) EL TIEMPO DE LA ROSA


                Solitaria


frágil,
triste,
marchita.

Ensaya la rosa
su último aroma.

Mudan sus pétalos
a otro cuerpo.

L   e  j  o   s,      l     e    j   o   s.



(2) ARELLANO, Rolando y BURGOS, David. Ciudad de los Reyes, de los Chávez, los Quispe... Lima. Edgardo Cateriano Castellano, editor. ISBN: 9972-9196-1-7.

(3) ROSAS RIBEYRO, José. Ciudad del infierno. Lima. Lluvia Editores. 1994.

(4) ZELADA, Leo. Delirium Tremens. Lima. Federación Gráfica del Perú. 1997.

lunes, 9 de agosto de 2010





































MISTERIOS Y PASIONES ENCONTRADAS (1)

Un misterio, una pasión, de Aldo Miyashiro, cuenta la historia de un puñado de jóvenes que busca construir su identidad a partir de la pasión que siente hacia el Club Universitario de Deportes. Es también la historia de fuerzas antagónicas en constante pugna: amor/odio, creación/destrucción, legalidad/ilegalidad. Las acciones transcurren en torno a “Misterio”, fundador y jefe de la barra Trinchera Norte, y del grupo de personas que se integra en torno a él: padres, hermana, novia y camaradas, quienes comparten carencias similares debido a su extracción socioeconómica y la dureza con que la vida los trata.

Pero Misterio, al igual que el Cuervo, Foreman, Curay y Cara Dura, tiene un sueño: conformar una barra agresiva, incondicional y numerosa, capaz de enfrentar los ataques de las barras rivales. Y es a partir de la concreción de ese sueño que descubrimos las verdaderas intenciones que habitan en el corazón de cada uno de los personajes. Entonces, los deseos de reconocimiento, aceptación, poder y liderazgo quedan al descubierto. Las discrepancias y enfrentamientos entre unos y otros (pero también alianzas) quebrarán la frágil unidad del grupo y el sueño de fundar una barra sólida y fuerte.

Conforme trascurren los acontecimientos, la conducta de los protagonistas se torna cada vez más violenta y (auto)destructiva, y las acciones confluyen – indefectiblemente – hacia un desenlace fatal. La tensión durante toda la obra no decae nunca, lo cual se debe al excelente trabajo de caracterización de los actores, entre quienes destacan Pietro Sibille, Norka Ramírez, César Ritter y Karen Tavera, el desenfado y frescura de los diálogos y la solvencia con la que cada uno de los actores se integra entre sí. Cabe por ello aplaudir la labor realizada por Miyashiro, quien además es el director y uno de los protagonistas.

Un misterio, una pasión, aborda con acierto tópicos que para un gran sector de nuestra juventud todavía son interrogantes sin responder: la búsqueda de la identidad, el reconocimiento y aceptación de las diferencias sociales, el encuentro/desencuentro de lo oficial y lo marginal. Conmueve la ausencia de pretensión del que, pensamos, se convertirá en el mejor estreno del año.

(1) 21/11/2003

viernes, 6 de agosto de 2010















 
Do and Share (1)


Fue a mediados de 1991, en uno de los tonos (2) que los estudiantes del colegio militar Pedro Ruíz Gallo solían organizar en el CIM, que conocí a Paola Matallana. Por entonces mi rutina consistía en trotar muy temprano por el circuito de playas de la Costa Verde, levantar pesas, ver videos de tabla (los surfers que la rompían eran Magoo, Fletcher, Nikaido, Ozzy, Curren, Carroll, Slater, Omar Renteros y “Muelas”) y hacer la tarea cuando no quedaba otra opción. De Paola sabía que la conocían como La huevito, debido a que a su hermano le decían El huevo. Graciosa - las chicas con pecas siempre me han parecido graciosas - pequeñita, alegre, y dueña de una anatomía espectacular, después de un par de citas clandestinas y del hoy desaparecido “Quieres estar conmigo”, Paola se convirtió en mi enamorada. Nuestra relación duró solo tres semanas y estuvo marcada por los atardeceres frente al mar de Chorrillos, exactamente en el malecón Costa Sur, la música/rugido de las olas, la complicidad de la luna, las caminatas nocturnas por las mismas calles: Pastor Sevilla, Alfredo Silva, Daniel Urrea y Darío Torres, y las amigables interpretaciones de Rosemarie, la única violinista que he conocido y padecido hasta el día de hoy. Pero como digo líneas arriba, la relación sucumbió a las tres semanas (maldición de la que logré librarme luego de 10 años, siendo estudiante de la Facultad de Ciencias y Artes de la PUCP). Y si bien fui yo quien decidió terminar - a diferencia de Paola que conocía hasta a mi perro Harry, yo jamás pisé su casa - pactamos decir que había sido un acuerdo de ambos (para un adolescente esos detalles son fundamentales). Contra todo pronóstico pues nunca fui estudiante de una “Pre” (3), ingresé a la universidad a la primera y no volví a saber de Paola más. Para 1993 me había convertido en un huraño ratón de biblioteca que había cambiado el mar, el surf y a sus amigos, por la filosofía (mis autores favoritos eran Demócrito de Abdera, Platón, Locke, Séneca, Cioran, Nietzche, José Ortega y Gasset, Bertrand Russell, Teilhard de Chardin, Emmanuel Mounier, Paul Valéry, Jesús Mosterín, Gustavo Gutiérrez y Augusto Salazar Bondy), el cine de autor, la nueva trova cubana, el jazz, la pintura, la poesía, y el smog de las avenidas/jirones Colmena, Quilca, Abancay, Chota y la Plaza San Martín. Pero por esas cosas del destino (o devenir) Paola me buscó una tarde de ese mismo año para que la ayudara en el análisis de un libro, tal vez de Bryce Echenique o Vargas Llosa, solicitud que acepté en el acto. Mi chata seguía igual de linda, pero yo andaba demasiado metido en mis rollos existenciales como para proponerle vernos de nuevo. Tal vez por ello, y terminada mi chamba, no volví a saber de ella nuevamente. Han pasado quince años desde que vi y hablé con La huevito por última vez. Imposible resumir las cosas que he enfrentado en todo ese tiempo (tampoco viene al caso pues de lo que se trata es de escribir de Paola y no de mí), pero si de algo creo estar seguro es de mis recuerdos, buenos y no tan buenos, y en ellos Paola ocupa un lugar especial. “El primer amor nunca se olvida”, reza un añejo refrán castellano. Y a pesar de odiar los lugares comunes, debo reconocer que en este caso no soy la excepción. Faltaba más. Este “Testi” (4) es una quimera, pero también una nueva declaración de amor, como cuando te pregunté si querías estar conmigo y tú respondiste que sí. Y lo he colgado en mi HI5 porque a ti no te ha dado la gana de aceptarlo, my beautiful shorty. Veamos cuan cierto es que has leído a Bryce Echenique. Apago mi PC. (viajar en Combi (5) me ha permitido descubrir la columna del Búho, en el diario El Trome). ¡Arriba Alianza, carajo!


(1) 01/09/2008
(2) Tono. Fiesta
(3) Pre. Academia de preparación para ingresar a la universidad
(4) Testi. Testimonial
(5) Combi. Vehículo de transporte público en el que la vida de sus pasajeros no vale nada.


lunes, 19 de julio de 2010


























                                             Do and Share (1)

Por pintoresco que hoy me parezca, fue gracias a Paulina Rubio que descubrí algo que tal vez muchos aún ignoren: Daniela baila pésimo. Y cierto es también que fue gracias a la inclasificable chica dorada (2) que logré estar a escasos tres centímetros de los labios de Daniela por primera vez. ¿Lo recordaste, mamacha? Prosigo entonces. Una de las palabras favoritas de Daniela, allá en el lejano 1998, era “refashion”. Sucede que Daniela siempre fue “refashion” y probablemente siempre lo será. Por eso nunca terminé de comprender qué fue lo que vio en mí. Me explico: ¿ubican a Piru? el flaco medio cantante y actor que aparece en la serie argentina El Refugio. Bueno, yo era por entonces una versión local de Piru. Es más, fue luego del primer desaire que Daniela me hizo que compuse la única canción que le he dedicado a una chica. Pero no vayan a pensar que todos los recuerdos son malos. De ser así este testimonial concluía en el primer punto y seguido. Por ejemplo, una tímida tarde de julio almorzamos un tallarincito en salsa roja que yo mismo preparé (quienes alguna vez le cocinaron el almuerzo a su chica, o viceversa, saben que la atmósfera que se genera mientras se pican las cebollas, cocinan las verduras, fríe la carne y explota el agua en burbujas, es mágica). O lo que involucró la aventura de conformar una lista (nuestro logo era un marciano llamado “Ami”) para competir en las elecciones al Centro Federado de la Facultad de Educación de la PUCP, en la que yo ocupaba el cargo de presidente y Daniela el de jefa de organización. O las salidas nocturnas que, parafraseando al universal César Vallejo, si bien no fueron muchas, fueron. O aquel en que me preguntaste si me casaría contigo, mientras compartíamos un sándwich de jamón del país -con harto rocoto y cebolla- y calentábamos nuestros cuerpos con un café retinto en el antiguo bar Queirolo de Pueblo Libre. Lástima que como en ocasiones anteriores (me refiero a mí, por supuesto) todo sucumbiera a las tres semanas. ¿O fue al mes? Al final retuve más de lo que hubiera imaginado: era de noche, nos dirigíamos a la pensión en la que te alojabas, todo empezaba a carecer de sentido. En fin. Estos últimos días de julio han traído consigo -nuevamente- al cantautor canario Pedro Guerra, particularmente al de Raíz. El segundo track se llama Daniela y la primera estrofa sentencia: “Daniela por dentro está llena de puertas, unas cerradas otras abiertas. Daniela por dentro está llena de puertas, a veces sales y a veces entras”. Pero como al inicio de este testimonial he recordado a Paulina Rubio y de lo que se trata es de dibujar una sonrisa en el rostro de Danielita, hago mías las palabras del “zamborja” Wyclef Jean: “Señorita, mi casa, su casa” (3). Estrellita de tres puntas, como ese pancito que tanto te gusta, nunca dejes de reír (4). ¿Lo prometes, mamacha?


(1) 27/02/2006

(2) Paulina Rubio. La “Pau” fue ahijada del maestro Luis Buñuel. De allí que utilice el término inclasificable. Esta fue: http://www.youtube.com/watch?v=DxxMyTZFKIc

(3) Shakira y Wiclef Jean. Las caderas no mienten.

(4) Estrellita de tres puntas. 1. Es el nombre de un huainito, Taky que le llaman, que le compuse a Daniela. Lamentablemente solo recuerdo esa pequeña parte. 2. Pan que se consume en Arequipa.





martes, 6 de julio de 2010






























El equipo de trabajo en el nivel secundario al interior del aula de clases.

El siguiente es un análisis en torno al trabajo en equipo en el nivel secundario al interior del aula de clases. Se abordan aspectos que van desde su formación hasta la evaluación del trabajo realizado. Pensamos que este documento será de mucha utilidad para aquellos orientadores que buscan revitalizar el rol social que la escuela está llamada a promover.

Cuando un orientador solicita a sus estudiantes formar equipos de trabajo, suele enfrentar dos tipos de respuesta: de un lado, se encuentran los estudiantes que muestran de manera espontánea su entusiasmo y no tienen mayores inconvenientes en juntarse con aquellos compañeros/pares que consideran sus amigos más cercanos, y de otro aquellos que permanecen sentados a la espera que el orientador les ordene con quiénes deberán reunirse. Normalmente el cumplimiento de esta solicitud toma algunos minutos y genera desorden. Es por ello que, frente a ambas situaciones, el orientador debe actuar de manera firme e inmediata, exigiendo celeridad y orden, puesto que lo que se espera es que los estudiantes alcancen los objetivos que la actividad propuesta implica. La meta inicial es conseguir que los estudiantes se sientan a gusto dentro del equipo del cual forman parte y que recuerden que necesitan cumplir determinados objetivos dentro de un plazo específico.

Dentro de esta lógica, la mejor manera de combatir el "desorden" que inicialmente genera la formación de los equipos de trabajo es indicándoles a los estudiantes que deberán juntarse con compañeros que se encuentren cerca a ellos - a los costados izquierdo y derecho, delante y detrás - y en un número no mayor de cinco, de modo que el orientador, ejecutando su trabajo de evaluación, identifique los roles que voluntariamente o de manera consensuada cada uno de los integrantes del equipo asume, los cuales a nuestro entender son cuatro:

1. Responsable general. Planifica el modo de trabajo del equipo. Sus labores implican la delegación de responsabilidades y la distribución del tiempo. Suele ser el mediador entre los integrantes del equipo y el orientador.

2. Creativo. Sugiere maneras de trabajo. Es quien anima al equipo a realizar la actividad propuesta de una forma especial, única.

3. Intendente. Se encarga de conseguir o solicitar el material que necesitará el equipo. Trabaja en coordinación directa con el secretario.

4. Secretario. Plasma en la pizarra, papelote, hoja en blanco o mini book, las reflexiones y el trabajo realizado por todos los integrantes del equipo.

Si la actuación lo ameritara, el orientador debe modificar la formación de alguno de los equipos con el fin de evitar enfrentamientos motivados por antipatías, malestares y celos que puedan existir entre dos o más estudiantes.

Acto seguido, el orientador debe indicar a los estudiantes qué harán. Para ello, debe señalar (escribiéndolos en la pizarra o papelote) los pasos a seguir para la realización del trabajo. Como los estudiantes suelen distraerse con mucha facilidad, el orientador debe acercarse a cada uno de los equipos a preguntar (y cerciorarse) que todos entendieron las indicaciones. De existir alguna duda, el orientador debe aclararla mostrando la mayor disposición posible. Del mismo modo, tendrá que prever qué tipo de material necesitarán los equipos de modo que pueda facilitárselo. En ese sentido, para que los estudiantes reconozcan la importancia de trabajar en equipo y no desarrollen algún tipo de malestar hacia el mismo, el orientador debe mostrarse muy atento e intervenir constantemente resolviendo cualquier inquietud, realizando preguntas (inteligentes, por supuesto) de manera constante y alentando a los estudiantes a desarrollar el trabajo propuesto con la mayor seriedad posible.

Respecto a la ubicación de los equipos, estos deben situarse lo más lejos posible uno del otro. Esto es con el fin de evitar que el ruido y la actividad producidos por la dinámica de trabajo interfieran en el buen desempeño de los demás. No debe prohibirse la realización de consultas al orientador o alguno de los equipos vecinos para indagar cómo han planteado la realización de la tarea propuesta. Pero lo que debe quedar claro en los estudiantes desde el inicio hasta el final es que el trabajo es evaluado permanentemente por el orientador y que, finalmente, la nota que se obtenga será el reflejo de lo que cada equipo hizo. Por esa razón, la designación de los roles a asumir al interior de los equipos debe contar con la participación del orientador, ya que la inmadurez de algunos estudiantes puede contribuir a que el trabajo fracase.

Finalizado el tiempo dispuesto para el desarrollo de la actividad, los responsables generales de cada equipo deben comentar brevemente, dirigiéndose al orientador y a sus demás compañeros, cómo plantearon la realización del trabajo, si se sintieron cómodos durante su desarrollo, y en qué consistió el aporte de cada uno de sus integrantes. Se espera, también, que algún compañero complemente las observaciones hechas por los responsables generales, aun si estas fueran distintas. De existir alguna crítica, queja o sugerencia, esta debe exponerse en los mejores términos posibles, evitando las confrontaciones entre estudiantes y orientador, y evaluándose en ese momento la viabilidad de la misma. La sensación que deben experimentar los estudiantes al término de cada clase es la de haber participado de una sesión de trabajo en la que sus opiniones, intereses, creatividad e iniciativa fueron tomados en cuenta permanentemente.

Estamos convencidos que la importancia mayor de trabajar en equipo al interior del aula de clase consiste en acortar las brechas entre la escuela y la realidad. De allí que resulte determinante promover en los estudiantes la educación y desarrollo de sus habilidades sociales, las cuales implican aprender a trabajar con otros y para otros sin que ello signifique un problema. En gran medida, de ello depende el éxito de la educación y la escuela en los tiempos actuales.


Oscar León Venegas
Chorrillano
Educador y comunicador



La Molina, verano del 2004.

lunes, 5 de julio de 2010



















































CANTO CORAL A TÚPAC AMARU QUE ES LA LIBERTAD

                                               Yo ya no tengo paciencia
                                               para aguantar todo esto.
                                                           Micaela Bastidas


Lo harán volar
con dinamita. En masa,
lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes
le llenarán de pólvora la boca.
Lo volarán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán de cabeza. Arrancarán
sus deseos, sus dientes y sus gritos.
Lo patearán a toda furia. Luego
lo sangrarán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos con golpes. Y con clavos
sus costillas. Le harán morder el polvo.
Lo golpearán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Le sacarán los sueños y los ojos.
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpe de matanza
lo clavarán.
                              ¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando el infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala
tirarán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos,
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡libertad! sobre la tierra,
ha de volver.
                              Y no podrán matarlo.


A OTRA COSA

Basta de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara

al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa

con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales.
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.

Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por sus nombres.

Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!

Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.