viernes, 6 de agosto de 2010















 
Do and Share (1)


Fue a mediados de 1991, en uno de los tonos (2) que los estudiantes del colegio militar Pedro Ruíz Gallo solían organizar en el CIM, que conocí a Paola Matallana. Por entonces mi rutina consistía en trotar muy temprano por el circuito de playas de la Costa Verde, levantar pesas, ver videos de tabla (los surfers que la rompían eran Magoo, Fletcher, Nikaido, Ozzy, Curren, Carroll, Slater, Omar Renteros y “Muelas”) y hacer la tarea cuando no quedaba otra opción. De Paola sabía que la conocían como La huevito, debido a que a su hermano le decían El huevo. Graciosa - las chicas con pecas siempre me han parecido graciosas - pequeñita, alegre, y dueña de una anatomía espectacular, después de un par de citas clandestinas y del hoy desaparecido “Quieres estar conmigo”, Paola se convirtió en mi enamorada. Nuestra relación duró solo tres semanas y estuvo marcada por los atardeceres frente al mar de Chorrillos, exactamente en el malecón Costa Sur, la música/rugido de las olas, la complicidad de la luna, las caminatas nocturnas por las mismas calles: Pastor Sevilla, Alfredo Silva, Daniel Urrea y Darío Torres, y las amigables interpretaciones de Rosemarie, la única violinista que he conocido y padecido hasta el día de hoy. Pero como digo líneas arriba, la relación sucumbió a las tres semanas (maldición de la que logré librarme luego de 10 años, siendo estudiante de la Facultad de Ciencias y Artes de la PUCP). Y si bien fui yo quien decidió terminar - a diferencia de Paola que conocía hasta a mi perro Harry, yo jamás pisé su casa - pactamos decir que había sido un acuerdo de ambos (para un adolescente esos detalles son fundamentales). Contra todo pronóstico pues nunca fui estudiante de una “Pre” (3), ingresé a la universidad a la primera y no volví a saber de Paola más. Para 1993 me había convertido en un huraño ratón de biblioteca que había cambiado el mar, el surf y a sus amigos, por la filosofía (mis autores favoritos eran Demócrito de Abdera, Platón, Locke, Séneca, Cioran, Nietzche, José Ortega y Gasset, Bertrand Russell, Teilhard de Chardin, Emmanuel Mounier, Paul Valéry, Jesús Mosterín, Gustavo Gutiérrez y Augusto Salazar Bondy), el cine de autor, la nueva trova cubana, el jazz, la pintura, la poesía, y el smog de las avenidas/jirones Colmena, Quilca, Abancay, Chota y la Plaza San Martín. Pero por esas cosas del destino (o devenir) Paola me buscó una tarde de ese mismo año para que la ayudara en el análisis de un libro, tal vez de Bryce Echenique o Vargas Llosa, solicitud que acepté en el acto. Mi chata seguía igual de linda, pero yo andaba demasiado metido en mis rollos existenciales como para proponerle vernos de nuevo. Tal vez por ello, y terminada mi chamba, no volví a saber de ella nuevamente. Han pasado quince años desde que vi y hablé con La huevito por última vez. Imposible resumir las cosas que he enfrentado en todo ese tiempo (tampoco viene al caso pues de lo que se trata es de escribir de Paola y no de mí), pero si de algo creo estar seguro es de mis recuerdos, buenos y no tan buenos, y en ellos Paola ocupa un lugar especial. “El primer amor nunca se olvida”, reza un añejo refrán castellano. Y a pesar de odiar los lugares comunes, debo reconocer que en este caso no soy la excepción. Faltaba más. Este “Testi” (4) es una quimera, pero también una nueva declaración de amor, como cuando te pregunté si querías estar conmigo y tú respondiste que sí. Y lo he colgado en mi HI5 porque a ti no te ha dado la gana de aceptarlo, my beautiful shorty. Veamos cuan cierto es que has leído a Bryce Echenique. Apago mi PC. (viajar en Combi (5) me ha permitido descubrir la columna del Búho, en el diario El Trome). ¡Arriba Alianza, carajo!


(1) 01/09/2008
(2) Tono. Fiesta
(3) Pre. Academia de preparación para ingresar a la universidad
(4) Testi. Testimonial
(5) Combi. Vehículo de transporte público en el que la vida de sus pasajeros no vale nada.


lunes, 19 de julio de 2010


























                                             Do and Share (1)

Por pintoresco que hoy me parezca, fue gracias a Paulina Rubio que descubrí algo que tal vez muchos aún ignoren: Daniela baila pésimo. Y cierto es también que fue gracias a la inclasificable chica dorada (2) que logré estar a escasos tres centímetros de los labios de Daniela por primera vez. ¿Lo recordaste, mamacha? Prosigo entonces. Una de las palabras favoritas de Daniela, allá en el lejano 1998, era “refashion”. Sucede que Daniela siempre fue “refashion” y probablemente siempre lo será. Por eso nunca terminé de comprender qué fue lo que vio en mí. Me explico: ¿ubican a Piru? el flaco medio cantante y actor que aparece en la serie argentina El Refugio. Bueno, yo era por entonces una versión local de Piru. Es más, fue luego del primer desaire que Daniela me hizo que compuse la única canción que le he dedicado a una chica. Pero no vayan a pensar que todos los recuerdos son malos. De ser así este testimonial concluía en el primer punto y seguido. Por ejemplo, una tímida tarde de julio almorzamos un tallarincito en salsa roja que yo mismo preparé (quienes alguna vez le cocinaron el almuerzo a su chica, o viceversa, saben que la atmósfera que se genera mientras se pican las cebollas, cocinan las verduras, fríe la carne y explota el agua en burbujas, es mágica). O lo que involucró la aventura de conformar una lista (nuestro logo era un marciano llamado “Ami”) para competir en las elecciones al Centro Federado de la Facultad de Educación de la PUCP, en la que yo ocupaba el cargo de presidente y Daniela el de jefa de organización. O las salidas nocturnas que, parafraseando al universal César Vallejo, si bien no fueron muchas, fueron. O aquel en que me preguntaste si me casaría contigo, mientras compartíamos un sándwich de jamón del país -con harto rocoto y cebolla- y calentábamos nuestros cuerpos con un café retinto en el antiguo bar Queirolo de Pueblo Libre. Lástima que como en ocasiones anteriores (me refiero a mí, por supuesto) todo sucumbiera a las tres semanas. ¿O fue al mes? Al final retuve más de lo que hubiera imaginado: era de noche, nos dirigíamos a la pensión en la que te alojabas, todo empezaba a carecer de sentido. En fin. Estos últimos días de julio han traído consigo -nuevamente- al cantautor canario Pedro Guerra, particularmente al de Raíz. El segundo track se llama Daniela y la primera estrofa sentencia: “Daniela por dentro está llena de puertas, unas cerradas otras abiertas. Daniela por dentro está llena de puertas, a veces sales y a veces entras”. Pero como al inicio de este testimonial he recordado a Paulina Rubio y de lo que se trata es de dibujar una sonrisa en el rostro de Danielita, hago mías las palabras del “zamborja” Wyclef Jean: “Señorita, mi casa, su casa” (3). Estrellita de tres puntas, como ese pancito que tanto te gusta, nunca dejes de reír (4). ¿Lo prometes, mamacha?


(1) 27/02/2006

(2) Paulina Rubio. La “Pau” fue ahijada del maestro Luis Buñuel. De allí que utilice el término inclasificable. Esta fue: http://www.youtube.com/watch?v=DxxMyTZFKIc

(3) Shakira y Wiclef Jean. Las caderas no mienten.

(4) Estrellita de tres puntas. 1. Es el nombre de un huainito, Taky que le llaman, que le compuse a Daniela. Lamentablemente solo recuerdo esa pequeña parte. 2. Pan que se consume en Arequipa.





martes, 6 de julio de 2010






























El equipo de trabajo en el nivel secundario al interior del aula de clases.

El siguiente es un análisis en torno al trabajo en equipo en el nivel secundario al interior del aula de clases. Se abordan aspectos que van desde su formación hasta la evaluación del trabajo realizado. Pensamos que este documento será de mucha utilidad para aquellos orientadores que buscan revitalizar el rol social que la escuela está llamada a promover.

Cuando un orientador solicita a sus estudiantes formar equipos de trabajo, suele enfrentar dos tipos de respuesta: de un lado, se encuentran los estudiantes que muestran de manera espontánea su entusiasmo y no tienen mayores inconvenientes en juntarse con aquellos compañeros/pares que consideran sus amigos más cercanos, y de otro aquellos que permanecen sentados a la espera que el orientador les ordene con quiénes deberán reunirse. Normalmente el cumplimiento de esta solicitud toma algunos minutos y genera desorden. Es por ello que, frente a ambas situaciones, el orientador debe actuar de manera firme e inmediata, exigiendo celeridad y orden, puesto que lo que se espera es que los estudiantes alcancen los objetivos que la actividad propuesta implica. La meta inicial es conseguir que los estudiantes se sientan a gusto dentro del equipo del cual forman parte y que recuerden que necesitan cumplir determinados objetivos dentro de un plazo específico.

Dentro de esta lógica, la mejor manera de combatir el "desorden" que inicialmente genera la formación de los equipos de trabajo es indicándoles a los estudiantes que deberán juntarse con compañeros que se encuentren cerca a ellos - a los costados izquierdo y derecho, delante y detrás - y en un número no mayor de cinco, de modo que el orientador, ejecutando su trabajo de evaluación, identifique los roles que voluntariamente o de manera consensuada cada uno de los integrantes del equipo asume, los cuales a nuestro entender son cuatro:

1. Responsable general. Planifica el modo de trabajo del equipo. Sus labores implican la delegación de responsabilidades y la distribución del tiempo. Suele ser el mediador entre los integrantes del equipo y el orientador.

2. Creativo. Sugiere maneras de trabajo. Es quien anima al equipo a realizar la actividad propuesta de una forma especial, única.

3. Intendente. Se encarga de conseguir o solicitar el material que necesitará el equipo. Trabaja en coordinación directa con el secretario.

4. Secretario. Plasma en la pizarra, papelote, hoja en blanco o mini book, las reflexiones y el trabajo realizado por todos los integrantes del equipo.

Si la actuación lo ameritara, el orientador debe modificar la formación de alguno de los equipos con el fin de evitar enfrentamientos motivados por antipatías, malestares y celos que puedan existir entre dos o más estudiantes.

Acto seguido, el orientador debe indicar a los estudiantes qué harán. Para ello, debe señalar (escribiéndolos en la pizarra o papelote) los pasos a seguir para la realización del trabajo. Como los estudiantes suelen distraerse con mucha facilidad, el orientador debe acercarse a cada uno de los equipos a preguntar (y cerciorarse) que todos entendieron las indicaciones. De existir alguna duda, el orientador debe aclararla mostrando la mayor disposición posible. Del mismo modo, tendrá que prever qué tipo de material necesitarán los equipos de modo que pueda facilitárselo. En ese sentido, para que los estudiantes reconozcan la importancia de trabajar en equipo y no desarrollen algún tipo de malestar hacia el mismo, el orientador debe mostrarse muy atento e intervenir constantemente resolviendo cualquier inquietud, realizando preguntas (inteligentes, por supuesto) de manera constante y alentando a los estudiantes a desarrollar el trabajo propuesto con la mayor seriedad posible.

Respecto a la ubicación de los equipos, estos deben situarse lo más lejos posible uno del otro. Esto es con el fin de evitar que el ruido y la actividad producidos por la dinámica de trabajo interfieran en el buen desempeño de los demás. No debe prohibirse la realización de consultas al orientador o alguno de los equipos vecinos para indagar cómo han planteado la realización de la tarea propuesta. Pero lo que debe quedar claro en los estudiantes desde el inicio hasta el final es que el trabajo es evaluado permanentemente por el orientador y que, finalmente, la nota que se obtenga será el reflejo de lo que cada equipo hizo. Por esa razón, la designación de los roles a asumir al interior de los equipos debe contar con la participación del orientador, ya que la inmadurez de algunos estudiantes puede contribuir a que el trabajo fracase.

Finalizado el tiempo dispuesto para el desarrollo de la actividad, los responsables generales de cada equipo deben comentar brevemente, dirigiéndose al orientador y a sus demás compañeros, cómo plantearon la realización del trabajo, si se sintieron cómodos durante su desarrollo, y en qué consistió el aporte de cada uno de sus integrantes. Se espera, también, que algún compañero complemente las observaciones hechas por los responsables generales, aun si estas fueran distintas. De existir alguna crítica, queja o sugerencia, esta debe exponerse en los mejores términos posibles, evitando las confrontaciones entre estudiantes y orientador, y evaluándose en ese momento la viabilidad de la misma. La sensación que deben experimentar los estudiantes al término de cada clase es la de haber participado de una sesión de trabajo en la que sus opiniones, intereses, creatividad e iniciativa fueron tomados en cuenta permanentemente.

Estamos convencidos que la importancia mayor de trabajar en equipo al interior del aula de clase consiste en acortar las brechas entre la escuela y la realidad. De allí que resulte determinante promover en los estudiantes la educación y desarrollo de sus habilidades sociales, las cuales implican aprender a trabajar con otros y para otros sin que ello signifique un problema. En gran medida, de ello depende el éxito de la educación y la escuela en los tiempos actuales.


Oscar León Venegas
Chorrillano
Educador y comunicador



La Molina, verano del 2004.

lunes, 5 de julio de 2010



















































CANTO CORAL A TÚPAC AMARU QUE ES LA LIBERTAD

                                               Yo ya no tengo paciencia
                                               para aguantar todo esto.
                                                           Micaela Bastidas


Lo harán volar
con dinamita. En masa,
lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes
le llenarán de pólvora la boca.
Lo volarán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán de cabeza. Arrancarán
sus deseos, sus dientes y sus gritos.
Lo patearán a toda furia. Luego
lo sangrarán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos con golpes. Y con clavos
sus costillas. Le harán morder el polvo.
Lo golpearán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Le sacarán los sueños y los ojos.
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpe de matanza
lo clavarán.
                              ¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando el infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala
tirarán:
                              ¡y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos,
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡libertad! sobre la tierra,
ha de volver.
                              Y no podrán matarlo.


A OTRA COSA

Basta de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara

al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa

con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales.
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.

Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por sus nombres.

Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!

Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.

viernes, 25 de junio de 2010







































                            UR - AR


                                          Para mi amiga y colega Daisy Sánchez Bravo


CUENTAN QUE HACE MUCHO TIEMPO, en los albores de la humanidad, existió una región habitada por hombres y mujeres que vivían aguardando la llegada de la luna; ya que para esos hombres y mujeres la presencia de la luna significaba la oportunidad de bailar, celebrar, y olvidarse por unos días de los pesares y tristezas que las labores cotidianas les hacían padecer.

Y SIEMPRE que en el extenso cielo de esa remota región  - que se hallaba además rodeada de grandes montañas y fértiles valles - se veía aparecer ese hermoso ojo de la noche que es la luna, la alegría y felicidad que aquellos hombres y mujeres sentían era también compartida por los osos, venados, conejos y demás criaturas que habitaban aquella enigmática y escondida región.

MAS OCURRIÓ que un día, y debido a razones que jamás llegaron a pronunicarse, a muchos de esos hombres y mujeres ya no les interesó más aguardar la llegada de la luna. Y conforme eso fue sucediendo, la alegría que los demás seres vivos compartían con ellos también se fue extinguiendo. Mas aquellos hombres y mujeres que no se cansaron nunca de esperar que la luna apareciera, aprendieron a reconocerse porque utilizaban un lenguaje especial, y porque sus risas y el brillo de sus ojos eran tan puros, como la luz de la luna que secreta e intensamente esperaban.

EN OCASIONES me sucede que creo haber sido uno de esos hombres que no se cansó nunca de aguardar la llegada de la luna. Y creo recordar también que siempre que aquellos hombres y mujeres nos encontrábamos, compartíamos una alegría especial, conversábamos muchos sobre nuestras vidas, y no nos cansábamos de prometernos protección y fidelidad eternas (debido al secreto que ahora sólo nosotros compartíamos). Y que me invadía una indescriptible emoción al reconocer entre esos hombres y mujeres a una hermosa jovencita a quien llamaban UR, con quien aprendí - entre otras cosas - a caminar cogido de la mano y a no pronunciar palabra alguna cuando se está frente al ocaso de un encendido y luminoso atardecer.


PANDO, Facultad de Educación de la PUCP. Junio del 2000.

sábado, 19 de junio de 2010
















































































Ser poeta es permisible hasta los 25 años.
Después eres loco, hombre peligroso, mátenlo.
Hemos asumido la adolescencia con adultez y la
niñez la hemos olvidado. En este país la muerte
es nuestra mejor amiga y hasta quiere rimar la
esperanza. Llevo tiempo en el oficio y como diría
mi compadre Manuel Morales, ser poeta en el Perú
no se lo recomiendo ni a Superman. Dos palabras
me resumen todo, absolutamente todo; tengo miedo
y hay que luchar. Lo demás es Palomino.




BALADA PARA UN CABALLO

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan
por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje
que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando
muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra
el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata
de cercame, me lanzan piedras y me lanzan sogas
por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase
de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres
arman expediciones para darme caza armados con perros policías
y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan
y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada
por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.
Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión
sobre las traseras y paralelamente y a un mismo ritmo
antes de asentarse en el polvo retumban en la tierra.
Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad
me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso
el que se ondea y es una música y es un torbellino
de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás
van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre
en estos bosques dormidos que despierto con el sonido
de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines
calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.
Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba
tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola
espanto a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan
desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.
Los días se suceden y suelo dar suaves golpes hacia la vida.
En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.
Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros
que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia
desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo
suelo galopar poco cuidándome de algún desgarramiento.
Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos
de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti
y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua
que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños
que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres
realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo
y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,
aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.
En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría
y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme
con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho
parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade
suelo dar golpes hacia la vida. Allí
donde mi presencia es esperada me hago realidad.
Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad
me hago realidad en esos ojos que están cansados
de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida
se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde
y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones
de mar de cielo de tierra.
Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra
se difunde con la noche se prolonga se manifiesta.
Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía
aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?
¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.
El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.
Por esta época del año suelen cruzar manadas
de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.
Recuerdo que logré darles el alcance y me contaron
que lograron salvarse de una cacería emprendida
contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero
y que luego de ser sometidos al cubo de agua
y a la alfalfa son obligados en los hipódromos
a correr distancias de 1.000, 2.500, 5,000 mts.
y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan
descargas eléctricas, te manosean, te latigan
con una fusta despellejándote. Y así durante
un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas
de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser
sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua
a la vista y paciencia de todos, sin intimidad
en una mañana de tinieblas y poca luz y luego
te separarán de tu yegua y potranco y pasarás
tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando
manques te dispararán un balazo en la sien. Ya había galopado un buen trecho con una manada
que huía despavorida y me dijeron que probablemente
para el invierno pasarían por aquí para ir más
al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía
lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y
por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces
me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo
me revelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades
de realizarme en un medio donde la sociedad se mata
y permanecen odios, prefiero ser caballo. Mojaré
la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas
inmensas de vivir, para mantenernos unidos y vencer,
para no estar solo, para volvernos verdes - azules - amarillos
anaranjados - rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco
y el campo sin límites.
Seré libre y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí
y de mi yegua
                  y de mi potranco.



Guardacaballo: ave que habita con los caballos en el Perú.

viernes, 18 de junio de 2010




























































SI TE QUEDAS EN MI PAÍS


En mi país la poesía ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesía frecuenta los burdeles
               escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
                                 y ha conocido el sabor dulzón del amor
en los parquecitos de crepé
                        bajo la luna
               de los mostradores.
Pero en mi país hay quienes hablan con su botella de vino
               sobre la pared azulada.
Y la poesía rueda contigo de la mano
                  por estos mismos lugares que no son lugares
para filmar una canción destrozada.
Y por la poesía en mi país
                       si no hablaste como esto
                                                      te obligan a salir
en mi país
              no hay donde ir
                                    pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y ésto te urge más que una palabra perfecta.
En mi país la poesía te habla
                                  como un labio inquietante al oído
te aleja de tu cuna culeca
                 te filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
                                  -la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablará por tu lengua.
Y otra mano guiará a tu mano
si te quedas en mi país.





ARTAUD EN UN VERANO CALIENTE / ENERO
                   CIUDAD UNIVERSITARIA




              8.30 en la C.U.
Ahora sólo tengo tiempo para gritar
              en los mercados
Para cinco horas de sueño.
                              Para desambular en una lata de sardina,
                con mi eterna flacura,
                            como un escarabajo ahuyentado por la risa
y la alegría de este verano es un sol reluciente
            recién acuñado por el Banco Central de Reserva.
                           8.30 en la C.U.
8.30 / 8.30 / 8.30 / 8.30 / 8.30
                  Voy a estallar.


Enrique Verástegui. En los extramuros del Mundo. Carlos Milla Batres editor. Lima - Perú. 1971.